lunes, 19 de marzo de 2018

Cenizas de mí







Quizás no sabes todo lo que para mí significas
ni lo que tenerte lejos de mí, a mi corazón implica
acaso necesito del aire para respirar y vivir
pero, estoy seguro de que sin ti mi amor, no podría existir.


Eres todo lo que necesito y no lo puedo negar
eres mi mundo, mi universo, mi sueño estelar
he perdido el control, pero, haré todo por recuperar,
tu amor, tu amistad, tu ternura y junto a ti, poder estar.


No necesito a nadie más para mis sueños cumplir
solo de tus besos y de tu compañía a donde mi corazón pueda ir
extraño tu cuerpo, tus besos y tu olor
pero, siento tu alma y también todo tu amor.


Tu simplicidad también hace parte de tu amor
al igual que las gotas de lluvia, la tormenta y su esplendor
esta noche te entrego mis palabras y mis promesas
y en tus manos, mi corazón con las frases de amor más extensas.


quiero estar contigo
cambia por favor.

Déjame


Un poco más rápido que el sonido
lograste crear en mi algo que no había jamás sentido
Ahora necesito que de tu vida me des un segundo
y te mostrare la razón por la cual hago parte de este mundo.

cautivame con tus sonrisas y palabras
que yo con mis actos haré que las puertas de tu vida abras
déjame mostrarte el verdadero sabor de la dulzura
y déjame conocer la verdadera luz de tu hermosura.

su sonrisa hace que mis latidos, vayan un poco más deprisa.

La familia


La familia es como la música, algunas notas altas, otras bajas, pero siempre, es una hermosa canción. (Internet)



Un recuerdo inocente

A veces, ser niña y estar un poco informada no resulta ser una buena idea. Salía de darme una ducha y mientras me secaba con una toalla bastante colorida y pintoresca, justo cuando está pasándola por mis senos, empecé a sentir como me dolían con un movimiento tan suave como lo es pasar una toalla, entonces, la deje a un lado, me acerque a un espejo enorme que había en mi cuarto, me mire y palpe con atención, tenía unas pequeñas bolas. Mi corazón latía con muchísima fuerza, no paraba de llorar llamando a mi mamá, hasta que llegó y le dije entre lágrimas y miedo; tengo cáncer. Mi mamá no sabía qué hacer ni qué decir, estaba desconcertada con lo que había escuchado así que, lo único que podía preguntar era, ¿Por qué dices eso? ¿acaso sientes algo?, le mostré y le explique con mucha concentración; mi mama soltó una carcajada enorme, como nunca antes la había escuchado reírse; me abrazo, me acaricio la cara y me dijo: “Valen, mi amor, estás creciendo, te están, creciendo, así que siéntete feliz”. Ya a mis dieciocho, solo me pregunto, ¿y ahora, ¿qué tengo? ¿Por qué no me siguen creciendo?

Sin sentido

Irónico el momento en el que descubres que lo que te da vida también te mata.

Secreto es Secreto

El secreto reside, en mantenerlo secreto.

Un ADIÓS distinto al que pensé


El frio era más intenso ahí que en cualquier otro lugar que solía visitar.
Proliferación excesiva de leucocitos en la sangre y medula ósea dijo, el Dr. Ella, respondió ¿qué? ¿A caso es leucemia?  Sí, sufre usted de leucemia en etapa terminal.
De repente el frio intenso del consultorio, ya no se queda solo ahí, paso a tocar profundamente cada fibra de ella, haciéndola estremecer, sensación que por primera vez tenía, extraña, se sentía, como usualmente pasa con todo lo desconocido.
Sin tan siquiera saberlo estaba tan pálida como el cielo de esa tarde, sus lágrimas caían a lo largo de todo su rostro, así como las gotas de lluvia mojaban el pavimento. Tic Tac sonaban las manecillas del reloj marcando las 2:00 p.m. se tenía que ir, ¿A dónde? No lo sabía, pero ya el Dr. Continuaría diagnosticando más vidas perdidas.
Su vida estaba perdida, al menos eso era lo que creía, el vacío más grande, de arrepentimiento hacia la vida por no haberla vivido como una vez había querido.
Fue un día de esos en lo que el universo conspira contra ti, todo estaba gris, se confundían sus lágrimas con la lluvia, su dolor con la necesidad de seguir amando y sintiéndose amada.
Era una de sus últimas tardes, no era una tarde cualquiera, no podía serlo, aunque lo quisiera.
Tic tac nuevamente el reloj le recordaba una cita; una cita especial teniendo en cuenta que no todo lo especial se puede asociar con las cosas buenas, era con su amor de toda una vida, era una cita conmigo.
Yo estaba ansioso esperándola en el lugar menos indicado para ella, tal vez, pero para mí, representaba el lugar donde hacía poco más de un año la había dejado de amar.
Los nervios me hacían revisar el celular una y otra vez, estaba intentando ordenar mis ideas para dar una buena despedida, un buen adiós.
A través de los ventanales de vidrio del lugar donde la fui a esperar, la pude ver llegar, tenía su mismo abrigo rojo, que había prometido regalar y que seguía sacando del armario, año tras año. Ella hacia lo mismo con todas las cosas y eso fue lo que me cautivo cuando la conocí, cuando nos conocimos. Las mismas ropas usadas una y otra vez. Filas de lápices de labios que nunca usaba; esa canción que ella tatareaba mientras cocinaba, era parte de la vida que se había vuelto extraña para mí y que justo ahora pensaba abandonar entre el plato principal y el postre.
Llego reluciente, se veía feliz, y mientras tanto yo solo pensaba en que la iba a dejar.
En cuestión de segundos, agarro una copa de vino que cómodamente me estaba tomando para tranquilizarme, la bebió toda como si fuese la última que quedara en el mundo. Y salto en un llanto repentino. Yo, solo pensé “ya lo sabe, sabe que todo este tiempo he estado con María Cristina, sabe que hoy es nuestra despedida”; yo, algo desconcertado solo la observaba intentado tranquilizarla para que al menos pudiera hablar, ella mientras tanto solo buscaba algo en su bolso.
Cuando lo encontró, me lo entrego; lee, me dijo; era un papel lleno de terminología médica que a duras penas entendí. De mi mente se borró todo lo que pensaba decirle, ya solo importaba lo que estaba pasando en ese justo momento, mi subconsciente repetía una y otra vez “leucemia en etapa terminal”, “leucemia en etapa terminal”; me sentí tan mal, siempre la veía bien, siendo ella, sin quejarse, bueno, nunca la escuchaba realmente cuando se quejaba, nunca estuve para ella. Solo tenía tiempo para la mujer apasionada que había pasado a ocupar mi centro desde hacía un año y medio. María Cristina.
Salía con ella casi todas las noches, era tan hermosa, tan jovial, tan divertida, tan auténtica, tan apasionada, tan ella; me tenía engatusado, pero hoy, todo eso cambiaría.
Intente reaccionar después de todo de la mejor manera posible, me levante y la abrace fuerte, tan fuerte como cuando nos estábamos conociendo, quería que sintiera que no estaba sola, que me tenía, y que sin importar a quien tuviera que sacrificar, estaría con ella, hasta el final.
Acaricie su cara, lavada en lágrimas, le dije que todo estaría bien y nos fuimos a casa.
En cuanto pude, llamé a María Cristina, no quería hacerle daño, así que, fui sincero y le conté lo que estaba sucediendo. Como esperaba, no lo entendió.
Me dediqué a hacer que ella pasara sus últimos días feliz, la quise complacer en todo, empecé a hacer planes que odiaba y no me gustaban solo por ella, movimos cosas de la casa de un lado a otro, fuimos a cine a ver sus películas favoritas, le leí los libros que más le gustaban… todo era diferente, hasta lo más insignificante había cobrado un sentido distinto, ¿quizás por ser la última vez?, no lo sé. Solo sé que me veía realmente enamorado. La abrazaba y la besaba como si nunca hubiese dejado de amarla.
Y otra vez el tic tac del reloj, marcando las 5:00 p.m. pero esta vez, la hora no era para ella, era para mí; desde esa última mirada, desde esa última caricia, desde esa última sonrisa yo, Sergio, he estado en un coma emocional del que aún no he podido despertar; no era un simple ADIÓS, se llevó parte de mí, no es un “te amo, pero soy feliz sin ti”.
En mi intento por volver a SER, escribo estas líneas en un papel, y mientras tanto, escucho a Daniel Santos.

   Estoy muy triste,
Tengo una pena,
Me está matando
La cruel condena
De no besarte,
De no tenerte
Entre mis brazos,
Qué cruel condena…
Qué cruel condena
Ver tu retrato
En el cuartito
Donde mis manos te acariciaron…


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